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Escuchando al río: Cómo los pueblos indígenas entrelazan historia y ciencia para trazar un nuevo rumbo

En estos tiempos de policrisis, donde el colapso ecológico, la desigualdad estructural y la pérdida de sentido civilizatorio se entrelazan en una espiral de destrucción que siembra desarmonía, el modelo económico dominante sigue operando como una máquina devoradora ¡Que pretende incluso devorar nuestros territorios! Entendiendo al territorio como una construcción dinámica más allá de los límites geográficos y rescatando la multiplicidad de relaciones que sustentan la vida en la tierra desde sus orígenes.

Frente a esta voracidad, es urgente volver la mirada hacia quienes han sostenido, por siglos, una relación de reciprocidad con la Tierra. Los pueblos indígenas, guardianes de la biodiversidad y de la vida misma, resisten al exterminio, no solo enfrentan la imposición violenta de un sistema ajeno, sino que ofrecen caminos concretos que nos permiten re-crear nuestra existencia como especie en este planeta. Sin embargo, sus conocimientos siguen siendo relegados a lo anecdótico y folclórico, excluyéndolos de los espacios donde se define el destino de los ríos, los bosques y el clima.

Bautismo Nasa. La relación con el agua es sagrada; el agua es maestra.


Mientras la lógica capitalista reduce los territorios a "recursos naturales" los pueblos originarios ven en los ríos, las montañas y los árboles a seres con los que han tejido relaciones de cuidado mutuo. No se trata de una diferencia semántica, sino profunda, estructural, que denota el rumbo de las decisiones de cada ser humano.

En el Cauca colombiano, encontramos varios ejemplos de esto, el pueblo Nasa no solo protege el río porque sea "útil económicamente", sino porque es un ancestro, un maestro, un guía que les ha brindado históricamente enseñanzas de vida, de ahí que lo cuidan como parte de su propia comunidad. Esta cosmovisión, como señala Ailton Krenak, desnuda el gran fracaso de la modernidad que nos mantiene enajenados: el divorcio entre los humanos y la Tierra, la ilusión de que estamos separados de la red de la vida.

Los sistemas de conocimiento indígena podrían equiparase con tecnologías de interpretación ambiental, sofisticadas y profundas. Los mayores leen las señales de la naturaleza con una precisión que desafía los instrumentos científicos: predicen sequías observando el vuelo de las aves, el comportamiento de los cultivos, diagnostican la salud de un bosque escuchando a los insectos, y transmiten leyes ecológicas a través de relatos que llevan siglos tejiendo memoria. Sin embargo, estos conocimientos rara vez aparecen en los informes técnicos, en las políticas públicas, en los debates sobre el futuro del planeta.

El monitoreo ambiental comunitario en este marco se plantea como un acto de resistencia y de creación. En lugares como Guaico Alizal, territorio que cuida del Río Ovejas, no se trata solo de medir la turbiedad, el oxígeno disuelto, el pH del agua con equipos sofisticados, sino de entender qué significa su deterioro para la vida colectiva.

Cuando una abuela cuenta cómo antes el río fluía repleto de peces, cuando un viejo te cuenta como las cosechas han cambiado, cuando un niño te cuenta como siente el río triste, está ofreciendo un dato tan valioso como aquellos cuantitativos, como las imágenes satelitales. Aquí, niños, jóvenes y ancianos documentan juntos el territorio, combinando metodologías científicas con relatos orales, porque la defensa de la vida no puede reducirse a estadísticas.

La defensa del territorio no es solo una lucha contra la minería o los monocultivos; es una batalla por el sentido mismo de la existencia. Mientras el mundo industrializado insiste en separar a los humanos de la naturaleza, los pueblos originarios recuerdan que somos parte de un mismo tejido. El monitoreo ambiental comunitario es un acto político porque demuestra que otra ciencia es posible: una que no extrae, sino que dialoga; una que no reduce la vida a datos, sino que la honra como una red de relaciones sagradas.

Como escribe Krenak, "el divorcio entre humanos y planeta es un suicidio". Frente a esta crisis, los saberes indígenas no son una alternativa, sino una urgencia. Escuchar al río, aprender de los animales, de las plantas, honrar la memoria de los mayores: en estos gestos aparentemente pequeños reside la posibilidad de un futuro donde la Tierra siga siendo, como dicen los Nasa, "la casa grande que nos sostiene a todos".

Aún con lenguas que el papel no puede contener, los pueblos indígenas ya escriben en la tierra el camino de la eternidad, la ruta para pervivir en el espacio y el tiempo.

Poema: Ser Nasa


Si les digo que soy hijo del trueno, ríen.
Si les confieso que nací de una laguna, murmuran locura.
Pero- y disculpen- locos son ustedes,
que no reconocen la sangre en sus venas,
el susurro del agua en sus pensamientos.
Locos,
que se empeñan en olvidar
que no hay frontera real entre la piel y la tierra,
entre la respiración y el viento.
Ustedes,
que caminan como si fueran ajenos,
como si la naturaleza fuera algo externo,
un cuadro, un objeto, una herramienta, un recurso.
¿Y qué debería sentir yo
cuando mis venas cantan las canciones de mis antepasados
que también nacieron del trueno y la laguna?
¿Qué debería sentir al saber
que cada paso mío resuena en un eco de voces antiguas,
que en mi cuerpo vive la memoria de raíces profundas?
¿Creen acaso que el arraigo es un lastre,
algo que se suelta para avanzar más ligero?
¿Creen que cuidar la vida es una tarea más,
un apunte en una lista, un trabajo extra
que se paga con indiferencia
y que se olvida en medio del caos?
Recojan sus raíces.
Hundan los pies en la tierra mojada y sientan,
no solo con los sentidos que conocen,
sino con aquellos que han olvidado,
con los que todavía duermen,
con los que aún pueden despertar.
Sientan la vida que los atraviesa,
como trueno,
como agua,
como Nasas.

Sobre el Autor

Jeferson Panche Chocué, becario de ORA Latinoamérica, es biólogo del pueblo Nasa del Cauca, Colombia. Su trabajo conecta la ciencia académica con la sabiduría ancestral. Formado en ciencias biológicas con especialización en entomología y calidad del agua, ha realizado extensas investigaciones en la Amazonía y otros lugares. Con un profundo amor por su tierra y su gente, Jeferson fundó una iniciativa de Monitoreo Ambiental Comunitario que integra el conocimiento tradicional con la investigación científica para proteger a la Madre Tierra. Su trabajo representa un poderoso acto de resistencia y reverencia por el mundo vivo.

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